Dejar de necesitar
Me escribí una carta desde mi yo del futuro y cuando la releí me llamó la atención lo que no aparece: no habla de logros, no hay una casa ni un número. Lo que promete no es tener, es dejar de necesitar.
Hay un vacío que aparece de noche. No todas las noches, pero aparece.
La otra noche me escribí una carta desde mi yo del futuro. Es un ejercicio de Inquebrantables, el libro de Daniel Habif: escribirte una carta desde el tipo que vas a ser. Salió de un tirón. La escribí y después la dije en voz alta, hablando solo.
Cuando la releí me llamó la atención lo que no aparece por ningún lado. No habla de logros. No hay una casa ni un número.
Lo que promete no es tener. Es dejar de necesitar.
Escrito así suena a frase de taller de autoayuda (a mí me sonó igual). Así que conviene poner qué estoy diciendo. Necesitar es esperar que algo de afuera te complete.
Necesitar es que te elijan
Empecé a jugar a los 8. Jugué 16 años. A los 21, Belgrano me dejó libre.
La carrera de un jugador depende de una lista que hace otro. Entrenás doble turno, dejás los fines de semana, y al final del año hay alguien que decide si tu nombre está o no está.
Lo que más me costó no fue quedar afuera. Fue medirme contra los que siguieron. Durante meses mi vara fue el rendimiento de otro.
Eso es necesitar. Yo esperaba esa lista todos los años. Si estaba, servía. Si no estaba, no servía.
Dejé el fútbol y el mecanismo quedó intacto. Cambió la lista, nada más. Después fue la nota, el puesto, el número de un producto, la gente que te sigue. Cambié de rubro y seguí esperando que alguien escribiera mi nombre.
El vacío se llena con dirección
Borja Vilaseca lo escribe para las relaciones de pareja:
"Hasta que no te sientas a gusto estando solo, nunca sabrás si estás eligiendo a alguien por amor o por soledad."
Cuando dejé el fútbol quedó un vacío. Si hay alguien al que le dolió dejar y soltar, fui yo.
Lo que me levantó de ahí no fue gente. Fue la dirección. Cambié el rumbo y me puse objetivos nuevos, con la misma ambición que tenía adentro de la cancha. Nunca dudé de la decisión y confié en mi intuición.
En la carta me salió una línea que no había pensado nunca, que la abundancia sale del vacío y no al revés.
Los que ya estaban
Hay una parte de la carta que no esperaba escribir. Que admire más a mi vieja. A mi viejo. A mis hermanos. A los amigos que siempre estuvieron.
No dejás de necesitar gente. Dejás de usarla de espejo. Podés preguntarle a alguien qué le parece algo que hiciste. Preguntarle quién sos es otra cosa.
La carta
Va entera. No le cambié ninguna palabra.

Todavía no sé si la carta tiene razón. Me faltan años para saberlo.
Lo que dice lo puedo hacer mañana a la mañana, que es levantarme y construir sin esperar que venga nadie.
Nadie va a venir. Y está bien.
No me creas nada. Buscá tus propias conclusiones. Pero actuá. Siempre actuá.